Entrevistas feminismo

Entrevista con Flor Codagnone. Mi sexo no es falta: poner la poesía al servicio del grito urgente de las mujeres

Florencia Codagnone (Buenos Aires, 1982) es escritora, traductora y periodista. Coordina talleres y clínicas literarias. Participó, entre otras, de las antologías Rock del País (Universidad de Jujuy, 2010), Esto pasa. Poesía en Buenos Aires (Llanto de mudo, 2015), Grito de Mujer Buenos Aires (Biblioteca de las Grandes Naciones, 2016), Poemas de la Resistencia (Clara Beter, 2016) y del libro Hablemos de angustias (Letra Viva, 2013). Publicó los poemarios Mudas (Pánico el Pánico, 2013), Celo (Pánico el Pánico, 2014) y Resto (Modesto Rimba, 2016). En Mudas, de 2013, explora de manera intimista momentos en los que se produce el choque entre la mirada que tiene la sociedad sobre la mujer. Temas como el cuerpo, la identidad, la búsqueda incesante de habitar.  Lectora de Piglia a edad muy temprana, recuerda su infancia haciéndose su propio camino en la escritura, creando poemas desde los 8 años, cuando su abuelo publicaba en La Voz del Pueblo, el diario local de Tres Arroyos (Provincia de Buenos Aires). Sus influencias artísticas, admite, van desde la artista plástica Louise Bourgeois hasta el cantante de Estelares, Manuel Moretti. Pero hay mucho más.  Hablamos con ella para adentrarnos en la intimidad de su universo poético.

Por Rosario Iniesta

flor c 4

 

En alguna entrevista leí que equiparás la experiencia de escribir con la de ver cine, ambas íntimas y solitarias. ¿Qué tipo de cine o directores conformaron tu educación sentimental y ayudaron a forjar tu escritura?

Sí, no es que directamente las equiparo, sino, más bien, que ciertas películas me disparan poesía o me poetizan. También, que cuando encaro la escritura de un poema o el trabajo sobre un poemario y cuando veo una película, en general, me gusta hacerlo sola. Celo, mi segundo libro, está atravesado por la experiencia cinematográfica, hay un poema que surgió de la versión para cine de El amante, de Marguerite Duras, otro que empieza diciendo “él nunca vio la saga de Antoine Doinel”. El que dice “soy una grulla soviética” surgió a partir de varios documentales y películas… Me gusta mucho Truffaut. También Godard, pero entre Truffaut y Godard me quedo con el primero. Me gustan los spaguetti westerns. Me parecen interesantes los primeros trabajos de Lars Von Trier. Disfruto mucho a David Lynch, a Guillermo del Toro. De Argentina: Mariano Llinás, Martín Rejtman…

¿Cómo concebiste “Mudas” (2013), tu primer libro?

No fue algo muy pensado. Escribo poesía desde los ocho, con algunos periodos de silencio. De pronto, me di cuenta de que había una serie y supe que había un libro cuando le leí todos los poemas a un amigo. Yo había pasado por una situación de salud grave y, de eso, salí por primera vez con la necesidad de publicar. Me cambió la vida. Por suerte, apareció la posibilidad de hacerlo con Pánico el Pánico. Ya llevo 3 libros con la editorial. “Mudas” y “Celo”, que están agotados, y “Filos”, que se publicó primero en digital y que acaba de salir en formato papel.

 Tu obra versa sobre todo la temática de los cuerpos en todas sus vertientes: el cuerpo que goza, el que sufre, el que demanda, el que se desgarra, el que se desgañita para que alguien lo escuche. ¿De dónde surge esta necesidad de exploración tan explícita?

 Creo que todavía no puedo dar una respuesta muy completa, pero me di cuenta de algo: cuando escribí mi tesis de licenciatura para recibirme de periodista, lo hice sobre la explicitud de las letras de rock en los ´90. Cuatrocientas páginas de explicitud. Letras que daban nombres y apellidos, decían sin tapujos, ponían sobre la mesa… Y algunas de las poetas que más me interesan: June Jordan, Anne Sexton, Marge Piercy, Susana Thénon, Olga Orozco trabajan, cada una a su modo, con lo explícito. Sin duda, hay algo de eso que me interesa mucho y que viene de mí, aunque no sé por qué.

 

Corrí hacia tu angustia

tajeé la carne,

me abrí en pedazos,

arranqué mi cuerpo. Quise

que no hubiese modo

de hacer con el sexo

 Poesía es más allá

de la literatura

(lo que no duele no pasa)

 

Tu profesión de periodista y traductora te llevó a trabajar otro tipo de textos, fuera de lo lúdico de la poesía, ¿cuál es tu relación con la escritura psicoanalítica y cuánto de eso se cuela en tus poemas?

 Co-escribí un libro sobre literatura y psicoanálisis (junto a Nicolás Cerruti, Literatura ∞ Psicoanálisis: El signo de lo irrepetible, Letra Viva, 2013). También traduje Los Beatles y Lacan: Un réquiem para la Edad Moderna (Galerna, 2013) y Antes de decirnos adiós (Galerna, 2014). El psicoanálisis es algo que me encanta, me interesa, que exploro y transito. Creo que en mis primeros libros se “coló” bastante del trabajo en mi análisis de ese momento. Además, sé que hay analistas que les prestan mis libros a sus pacientes o que les señalan algún poema. Ese gesto me resulta hermoso.

 

 

Las palabras van a morir

a la angustia

y no hay signo

que escape a ese paso.

Estamos condenados

a la música del adiós

 

Fotografía de Florencia Codagnone escritora

Su amigo el filósofo, Darío Sztajszrajber, definió en la presentación de su segundo poemario, al celo como don, algo que excede nuestra voluntad e incluso nuestro deseo, como algo que no controlamos y que es profundamente corporal. Una acepción que define a la perfección las coordenadas poéticas de Flor. En Celo, de 2014, se explora ampliamente la idea del lenguaje y la comunicación con el otro, con el exterior, entre los cuerpos, en el amor. Sobre el lenguaje proferido, pero sobre todo por lo que se espera del lenguaje no verbal.

“él nunca vio la saga de antoine doinel, pero una vez escuchó como repetía su nombre frente al espejo y entonces se transformó en un ritual, de esos que no se acuerdan con palabras. vamos caminando o tomamos el té y, de pronto, en voz bien alta, sin ponernos de acuerdo, salvo en el amor, empezamos a repetir juntos antoinedoinelantoinedoinelantoinedoinel.”

En mayo sale a la luz una antología de poemas de June Jordan en la que estuve trabajando durante 5 años. Traducir a June modificó e iluminó mi propia poética. A partir de ella me autoricé a escribir del lado del pueblo (a June se la conoce con ese mote: “Poeta del pueblo”), o, por lo menos, desde un yo colectivo, y del lado de las mujeres. Poemas más explícitos, más explícitamente políticos, algo que conocía de Roberto Santoro, pero no de una mujer. Además, a medida que me adentraba en la obra de June, el movimiento de mujeres en Argentina se profundizaba, acrecentaba y vigorizaba cada vez más. Creo que es el momento ideal para que salgan y se den a conocer estos poemas.

Cuando leíste en 2015 Poema del otro demostraste empatía en un momento decisivo al comienzo de la actual gestión de gobierno, en la ola de despidos que nos tocó tan de cerca a muchos. Esto forma parte de “Diario poético en tiempos macristas”, entiendo que aún inédito, ¿cuándo verá la luz?

Una selección de esos poemas fue traducida al portugués y editada por la editorial VaCartonera, de San Pablo. Libros cartoneros, hermosos, hechos con mucho amor. Son tiradas muy chiquitas y numeradas, pero ya va por la tercera edición. En Argentina el “Diario poético en tiempos macristas” completo (al menos los poemas reunidos entre 2015 y 2019) verá la luz pronto. Acabo de entregárselo a mi editor.

¿Cómo fue adentrarse en diferentes yo líricos para conformar “Filos”, 2017)? ¿Fue a partir de relatos cercanos o producto de lecturas, testimonios, ponerte en la piel de tantas mujeres de contextos tan diversos?

 Todos los casos que forman parte de “Filos”me llegaron a partir de los medios: televisivos, radiales, gráficos, internet… Como digo en el epílogo algo se rompió con los femicidios de Daiana García y de Melina Romero. Algo colectivo. Un desgarro en la desgarradura. De pronto, sin planearlo, la violencia contra la mujer se poetizó –no sólo en mí sino también en otras y otros poetas–, se hizo carne y voz. En general cuando escribí y cuando leo esos poemas termino temblando y, no fue en el momento, que me di cuenta de que les estaba prestando mi voz a las que ya no la tienen, tuvo que pasar un tiempo para asimilar esa idea.

Un río de sangre fluye

dentro de mí, me inunda

hasta ahogarme.

Afuera, algo no cambia,

mi verdadera inseguridad

es a la vista de todos

y es lo que todos callan:

la percha, la aguja de tejer,

la navaja, la jeringa, el desinfectante.

las pastillas, la sal, los yuyos,

el alcohol, la Coca-Cola,

el último sueño, perdido,

en la camilla del abortista

en la que comienzo a convertirme

en una estadística-hemorragia.

 

Florencia Codagnone para Amalgama Cultural

Participaste de la antología Otros colores para nosotras (Ediciones Continente, 2018) con otras compañeras de profesión como Valeria de Vito, Natalia Leiderman, Juana Roggero, Paula Giglio y Luciana Reif, entre otras, ¿cómo fue esa experiencia?

 Se trata de una experiencia muy interesante porque todas las poetas que Bárbara Alí y Roxana Molinelli convocaron tenemos estilos muy heterogéneos. Sin embargo, cuando encarás la lectura del libro, te das cuenta de que hay hilos que se entrecruzan, que se entraman en la profundidad. Hay cosas que estamos atravesando y trabajando todas, en nuestra individualidad poética, pero que es parte de algo más grande. Otros colores para nosotras me permitió comprender eso.

Han apuñalado mi nombre

una vez por lo que pienso,

otra por lo que digo,

una más por cómo visto.

Han rasgado el género

que me cubre

y dieron una puntada

en mi vientre.

Fue a la vista de todos:

Mi sexo no es falta

 

Sos parte activa de las lecturas de los Martes verdes y estás en el colectivo de Poetas por el aborto legal, te dedicás a bordar diferentes piezas con frases para la causa. ¿Cómo creés que va a ser este año respecto del debate para la aprobación de la ley, tratándose además de un año electoral, cuáles son tus impresiones?

 Es un año movido. Ojalá se apruebe el derecho al aborto legal gratuito y seguro. Ojalá dejen de torturar a niñas obligándolas a parir. Ojalá el debate llegue a las bases de la sociedad porque allí hay lógicas muy distintas respecto de las maternidades y la idea del aborto. Creo que necesitamos acercarnos, debatir y construir con esas mujeres. Ojalá las mujeres de los sectores más vulnerables del país nos lleguen a nosotras y nosotras, a ellas y podamos construir feminismos desde ahí, desde la justicia social. Creo que es el único camino. Y también creo que el 8M nos dio una pauta de cómo vendrá el 2019: si los años anteriores había mucha tristeza en la marcha, este año se sintió algo muy cercano a la alegría del empoderamiento y las luchas. Este 8M fue desde otros afectos, desde otro lado. Me parece que no hay que dejar de atender a cómo vibra la calle, el pueblo.


En 2017, Codagnone publicó con Pánico el Pańico en formato digital Filos (poemas sobre violencias contra las mujeres), que recientemente recibió la distinción de la Legislatura Porteña, declarándose de interés de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para la promoción de los derechos de las mujeres. En el mes de mayo de este año se presentará Cosas que hago en la oscuridad, un trabajo de traducción sobre la obra June Jordan (1936-2002), conocida como la “poeta del pueblo”, activista afroamericana del Harlem. Se trata de una edición bilingüe de 32 poemas, publicada por la editorial Bajo La Luna.

flor c 4

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