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Parto respetado: Cuando el derecho se vuelve privilegio

Sobre la violencia obstétrica

Texto de Yamila Fernández @itsmeyamiii
Collage de Agos Demarchi @agosdemarchi

collage sobre parto respetado de Agos De Marchi para Revista Amalgama

¿Todavía no sos mamá? ¿Por qué sos mamá? ¿Por qué adoptaste? ¿Por qué no adoptaste? ¿Por qué fertilización asistida? ¿Por qué sola? ¿Por qué así? ¿Por qué ahora?

Basta.

Como si esto fuera poco, sumado a la presión social –regida por un sistema patriarcal– detrás de la decisión de cada mujer, vivimos en un Estado cómplice que ampara y naturaliza la violencia obstétrica que existe día a día.

Teniendo en cuenta el momento de vulnerabilidad, no solo física sino también emocional, de una mujer a la hora de parir, parece aterrador el ámbito que se vive en una institución de salud.

Según la Ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, violencia obstétrica es “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929 de Derechos de Padres e Hijos durante el Proceso de Nacimiento”. Ley que nos gusta difundir como “Ley de parto respetado”, para terminar de raíz con la esencia machista, misógina y patriarcal.

Ley que garantiza –en teoría– los siguientes derechos:

  • Ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.
  • Ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales.
  • Al parto natural, respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer
  • Ser informada sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se le haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
  • A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.
  • A ser informada, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.

Sin embargo, son poquísimos los casos en los que se cumple esta ley. La violencia obstétrica se presenta por parte del cuerpo médico, tanto de manera verbal como física.

«Más del 77% de las mujeres aseguraron haber sufrido al menos una situación de violencia obstétrica, entre las que se destacan que el personal médico trató a la mujer “con sobrenombres o diminutivos” como si fuera incapaz de entender el proceso del parto o que la atención de los médicos en ese momento la hizo sentir “vulnerable, culpable o insegura”», según indica el informe realizado de acuerdo a 5 mil respuestas reportadas en un formulario online del Observatorio de Violencia Obstétrica, creado por la ONG “Agrupación Las Casildas”.

A 7 de cada 10 mujeres les rompieron artificialmente la bolsa, a 8 de cada 10 les practicaron innecesariamente una episiotomía y a 6,4 de cada 10 mujeres les administraron oxitocina, la droga para conducir o acelerar el parto.

Las estadísticas se alinean una debajo de otra; los casos aumentan, cada vez más naturalizados. La desinformación somete a muchas mujeres a sufrir violencia obstétrica y ni siquiera ser conscientes de ello.

Estamos en un momento en el que las mujeres tendríamos que ser las protagonistas; donde tenemos la capacidad de hacer viable la gestación, el parto y el puerperio de la mejor manera, teniendo el poder de decidir y apropiarnos de nuestros cuerpos íntegramente con el apoyo que necesitamos y que nos corresponde recibir.

Violencia en carne propia

“Detenido”, un corto de Gisela Nicosia, representa la situación de violencia obstétrica que vivió Fátima Arahuete.

Cuando el engaño sobrepasa el límite del cuerpo ajeno, la denuncia se hace visible. Fátima logró contar el padecimiento de violencia obstétrica que sufrió durante su embarazo, desde la mala atención en guardias hospitalarias, hasta el cinismo de su propio obstetra, negándole la posibilidad de decidir sobre su cuerpo y descubrir la causa de su embarazo detenido.

La falta de información y el destrato como componentes esenciales en estos casos de violencia ponen nuevamente a la mujer en un lugar chiquito, invalidando su opinión y deseo.

Fátima cuenta el duro proceso de afrontar un aborto espontáneo con la presencia de la violencia obstétrica acompañándola en cada consulta. Recibió comentarios como “Después del aborto, ya está. Te olvidás y quedas embarazada”; desestimando un proceso y duelo personal, en donde la capacidad de gestar se reduce a eso, incubadoras humanas.

¿Qué pasa con el parto domiciliario?

Frente a estas situaciones, ¿hay alternativas? ¿Es viable el parto domiciliario? ¿Qué información es necesaria?

Habiendo tan pocas instituciones que cumplen con la Ley de Parto Respetado, el miedo a vivir una experiencia violenta habita en la mayoría de las embarazadas. Está naturalizado deshumanizar el parto y volverlo un trámite médico, tratar a la embarazada como si fuera una paciente enferma.

Tener que estar pendiente de procedimientos médicos y prácticas no abaladas por la ley genera un estrés a la hora de parir que claramente no beneficia ni a la madre ni al bebé. Es absurdo que en un contexto como el de dar a luz, tengamos que soportar malos tratos y evitar situaciones de violencia.

“Siempre había soñado con un parto en casa”, me cuenta Mariana mientras acuna a su bebé. Después de una larga búsqueda para encontrar la mejor opción para parir, Mariana y su compañero optaron por el parto en su hogar.

“Lo más importante en el parto es sentirte plena, cuidada, que tu nivel de oxitocina sea natural y suba al tope, estar contenida; que tu bebé a penas conozca el mundo no se vea forzado a que lo intervengan innecesariamente y te lo separen del pecho”.

Información es la palabra que más resalta Mariana en esta aventura de ser mamá. Su embarazo se basó en investigar a fondo, buscar parteras, doulas, puericultoras, obstetras; tener entrevistas con las personas que la vayan a acompañar y poder crear un vínculo; y sobre todo, poder contar con el apoyo necesario para decidir sobre su propio cuerpo.

Si bien “parir en casa es un privilegio de clase”, es posible. Más allá del costo económico que conlleva tener un parto domiciliario, es fundamental poder acceder a la información, tener la posibilidad de elegir otras opciones y saber que el derecho a un parto humanizado y respetado es para todas.

Y así llego el día, Mariana rompió bolsa naturalmente, lejos de intervenciones médicas, acompañada de su marido, su suegra, su obstetra, una partera y una neonatóloga, en la comodidad de su casa, respetando sus tiempo biológicos, siguiendo el ritmo de las contracciones y pariendo en la posición que más cómodo le resultó.

“Nada se iguala al momento en el que nace tu hijx. Me acuerdo cuando pusieron al bebé en mi pecho y pudo mamar, fue re salvaje”.

Eso queremos. Partos salvajes, pero salvajes por lo humano y lo carnal de una madre pariendo a su hijx. Lejos de violencias, de intervenciones, de situaciones traumáticas. Queremos decidir sobre nuestros cuerpo, elegir cómo, cuándo y dónde parir.

No nos callamos más, nos unimos para seguir luchando por un parto respetado.

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