arte

Una reflexión sobre la neutralidad del espacio

A partir de la performance de Zhang Huan, 12m2

Por Hernán Martínez

@achedelyc

Zhang Huan (China, 1965) es un artista que comenzó pintando para luego dedicarse a la performance. Es reconocido internacionalmente por su trabajo como performer pero también por sus fotografías y esculturas. Trabaja entre Shangai y New York

Es un día de 1994 en una pequeña aldea en Beijing. Un hombre entra a un baño público; lo hace completamente desnudo y cubierto el cuerpo en una mezcla de aceite de pescado y miel. Otro hombre (él vestido) con una cámara lo sigue detrás y se adapta a sus demandas. El baño es un infierno de moscas y olor a mierda. Las moscas, excitadas por el aroma dulce se pegan sobre la piel, parecen mover las patas frenéticamente y chupar sin respiro. El hombre se sienta en un banco y espera mientras es fotografiado. En eso consiste todo; en esperar durante una hora. Lo descrito es más una recreación que una narración histórica y, no obstante, refiere a la performance 12m2 realizada por el artista chino Zhang Huan. 

¿Por qué el arte, el baño y sus elementos nuevamente como puesta en escena? ¿No hubo mingitorios dentro de museos con Duchamp, latas de “mierda de artista” con Manzoni vendiéndose a precios millonarios en subastas? ¿Qué puede sugerir esta manifestación artística? Hay críticos que vieron la performance como un acto autónomo en sí mismo que da cuenta de la evolución de este artista; en consecuencia, todo intento de explicación sociopolítica de la performance representa una  típica tendencia interpretativa de occidente ante el arte. Del otro lado, hay quienes fundamentan una crítica al sistema social chino, a la vez que una muestra de la resistencia del cuerpo bajo una férrea disciplina budista. 

Resulta complejo desligar a la representación de contenido social y percibir sólo un fenómeno puramente estético. El nivel de incomodidad que provoca tanto en quien la ejecuta como en el espectador dificulta imaginar que este contexto opresivo ha sido elegido meramente como un símbolo del propio derrotero de un artista y su praxis histórica. La elección de una región alejada del centro urbano también parece llamar la atención respecto al diseño desigual de infraestructura entre zonas. A tono con esto, es llamativo que en años recientes, la autoridad máxima de la región, Xi Jinping, haya impulsado campañas de higiene bajo el lema “Revolución de los retretes” como un proyecto orientado a las mejoras sanitarias tanto en zonas rurales como urbanas, favoreciendo un doble propósito: social en tanto implica una mejoría de nivel de vida, y económico ya que estimula el turismo interno y externo. 

En la performance, Zhang Huan está desnudo en el baño y un ojo técnico (la cámara fotográfica, objeto individual que también se vuelve colectivo al exponerse y compartirse) lo observa y registra su experiencia. Esto nos lleva a pensar si el baño es un lugar neutro o si en él funcionan normas (invisibles pero omnipotentes a la vez) que regulan la vida cotidiana de las personas. Según el filósofo Paul B. Preciado, los baños constituyen un tipo de arquitectura particular orientada a mantener estable el orden binario del sistema sexo-género, como menciona en un artículo: “podríamos pensar que la arquitectura construye barreras cuasi naturales respondiendo a una diferencia esencial de funciones entre hombres y mujeres. En realidad, la arquitectura funciona como una verdadera prótesis de género que produce y fija las diferencias”. Rasgo característico de la teoría queer, el efecto muestra su verdadera naturaleza causal y revela su carácter histórico y contingente: el sexo no posibilita la asignación de género sobre un cuerpo, el género mismo crea la noción de sexo; del mismo modo, el baño no es una creación que responde a diferencias naturales sino, contrariamente, es aquel dispositivo que funciona como producción de dichas diferencias. De alguna forma, cuando entramos al baño y respetamos esa señal gráfica en un cartel (“caballeros”, “damas”) estamos reafirmando un sistema simbólico de sentido hegemónico asociado a la sexualidad humana.

Ahora bien, no sólo podemos hablar de una opresión de género sino también rastrear en el espacio simbólico del baño opresiones económicas y políticas. El caso de India es ilustrativo al respecto: en la región predomina un sistema político-religioso que divide a la sociedad en cuatro castas. Por debajo yacen los Intocables o Dalits, autodenominación que significa “gente rota”; de ese conjunto al que pertenece la subcasta Valmiki, 1.2 millones son limpiadores manuales de mierda y el 90% de esta se compone de mujeres de variada edad. Obligados a limpiar letrinas o tanques sépticos les limpiadores manuales se exponen a contraer enfermedades al no contar con insumos o indumentarias de protección más que una canasta de madera, escoba y pala. Así, el baño es también un elemento para mantener intacto el statu quo de una sociedad tradicional. Por eso la opresión no sólo es política (el dalit es segregado por parte de las mismas instituciones sociales) sino también económica al constituir uno de los pocos medios de subsistencia, donde la fuerza de trabajo se vende por unas escasas rupias, pan duro o restos de comida. 

Se puede pensar en otro fenómeno a partir de nuestra situación local. Desde el año 1993, la Resolución 46798 del Concejo Deliberante de CABA intima a los propietarios de bares, confiterías, a permitir el uso de sanitarios sin el requisito previo de realizar una consumición; la normativa no se cumple. En la mayoría de los establecimientos el baño se reserva exclusivamente para los clientes. Parece entonces que en relación a lo orgánico, los individuos no sólo pueden asumir el rol de trabajadores (caso de la India) sino también de clientes. No se trata ya de vender la fuerza de trabajo sino extrañamente de comprar un derecho a la satisfacción de necesidades orgánicas. La lógica que predomina transforma una actividad que produce materiales nulos de valor (mierda, pis) en una actividad con un valor de retribución monetaria. Piénsese en los avisos de “baños exclusivos para clientes” o en aquellos que se desbloquean únicamente mediante un código que figura en el ticket de compra. 

Muchas veces la construcción de baños públicos no se realiza más que de manera parcial y, posiblemente, persiguiendo fines políticos. La Ley porteña n°6.107 dispone la creación de baños públicos en parques emplazados en la CABA pero hasta la fecha sólo se ha cumplido parcialmente y en zonas de la Costanera, espacio que tiene un gran movimiento de personas a lo largo del día y que fomenta el turismo y comercio. 

En este aspecto, la performance de Zhang Huan permite trascender su propio contexto regional para así repensar las propias realidades locales en relación a cómo las instituciones y los espacios físicos de una ciudad no son simples construcciones neutrales sino que por debajo de su mero aspecto material hay fuerzas, intereses y propósitos políticos y que estos se despliegan de manera silenciosa sobre el conjunto de una sociedad. 

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