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Kilómetros de agua

Un ensayo de Hernán Martínez

@achedelyc

La acción de mirar al cielo es antigua. Por fuera de la tierra hay estrellas a distancias de miles de kilómetros, planetas, algunos más cercanos pero otros muy lejanos; gas y polvo estelar. Miramos “hacia arriba” no sólo motivados por una intrínseca necesidad de asombro y pavor, sino también con la esperanza de encontrar agua en forma líquida. La vida como la conocemos actualmente precisa de eso: agua. Es un término con versatilidad adjetiva:

Agua viva: refiere a un animal marino (una medusa), nos recuerda las playas, la arena y más agua -el mar-; pero también aquel agua que se acurruca en las células, el cerebro, acompaña la sangre en su desplazamiento. Lo vital en todo organismo.

Agua productiva: agua para producir, para mantener el sistema hidratado y los procesos físico biológicos a tiro; a su vez, agua como herramienta de producción económica: raro, pero se precisan miles de litros para la producción de unos pocos kilos de carne animal. 

Agua sucia: etílica en su vieja jerga; también marrón, rojiza, empetrolada: agua tóxica, manchada, contaminada.

Con el agua vivimos y en simultáneo (costado oscuro) matamos con y por el agua. Reflexiono que por momentos les humanes despiertan del letargo y gritan contra las modalidades que “despiadan” el agua: veganismo como crítica de múltiples aristas (ecológica, antiespecista, dietética), derecho a potabilización, protección de su saqueo y contaminación.

Recientemente, el pueblo de la provincia de Mendoza rechazó la modificación de la ley 7722 que protege el recurso hídrico al limitar las sustancias utilizadas en las actividades de megaminería a cielo abierto. Dicha modificación, por supuesto, buscaba legitimar y permitir el uso de las mismas. Personalmente, creo que es otra manifestación del potencial de la colectividad de proteger el bien y el interés común. 

Sin embargo, no parece suficiente. Tomemos el caso de la megaminería a cielo abierto. Dicha actividad, desarrollada por empresas que operan en múltiples naciones sólo puede llevarse a cabo si hay dos requisitos asegurados:

1) La presencia de minerales como la plata, el cobre, el oro

2) La más absoluta seguridad de que esta actividad será rentable, es decir, que superará con creces la inversión realizada.

Semejante a la ganadería (aunque la supera), la megaminería precisa de miles de litros de agua por segundo en el proceso de extracción de minerales. Y no solo esto, a fin de completar la extracción, el cianuro, ácido sulfúrico, entre otras sustancias, son mezcladas en el agua con el objetivo de la obtención metalífera.

En su historial, la actividad de megaminería a cielo abierto no tiene pocos antecedentes de contaminación de fuentes de agua natural, provocando el deterioro de la salud humana, animal y vegetal, alterando también la fauna y el patrimonio de una región. Combo x 2: previo a esto, se explotan largas cadenas montañosas haciendo uso de toneladas de dinamita, con el objetivo de extraer minerales valiosos.

Nuestra actual legislación minera nacional data de los noventa y no hace más que otorgar inmensos beneficios fiscales que hacen de esta actividad una verdadera mina de oro, aunque sea para unos pocos. En este negocio el agua no es más que un medio para un fin más legítimo. 

Fuente: Anred

No deja de ser extremadamente ridícula entonces esa afición por mirar al cielo, con ojos naturales o telescópicos e imaginar la posibilidad de otra vida, pero sobre todo, de nuestra vida. A escala humana Marte, el planeta rojo, está en promedio a unos 100 días de viaje desde la Tierra y ni siquiera hay seguridad de que podamos habitarlo ni hoy ni a futuro. El resto de nuestro sistema solar no ofrece atracciones, un dato para concientizar: la sonda espacial voyager 1 y sus más de 30 años de recorrido hasta ingresar al espacio interestelar. La posibilidad de exoplanetas con agua es hoy por hoy ingenuidad, metafísica, Dios; no sólo su existencia sino también su alcance (los más “cercanos” se reconocen inhabitables). Buscamos agua a miles de millones de kilómetros cuando nuestro propia tierra tiene kilómetros de agua. 

Actualmente resistimos: el pueblo en la calle resiste frente a la injusticia de sistemas sociales, económicos y culturales que privilegian la producción a la preservación, la represión a la libertad de todo tipo (sexual, sexo-genérica, incluso religiosa). Mendoza contuvo un nuevo golpe del statu quo, defendió y atacó pero no pateó el tablero ni dio vuelta el juego; y así en todos lados y en cualquier parte.

El capitalismo interviene sobre la naturaleza de acuerdo a criterios de rentabilidad y riqueza; un modelo centrado en la producción y ajeno a consideraciones ambientales o sociales. En tanto este sistema permanezca sin ser desafiado en sus bases, lo más que podemos esperar es simplemente ser reactivos; está en cada uno de nosotres preguntarnos si es suficiente con ese consuelo, con ese pequeño oasis de agua en el abismo del desierto. 

Crédito foto de portada: noqueremosinundarnos.blogspot.com “Un pueblo dijo NO a la megaminería”

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